Harry Potter y el cáliz de fuego

Hace ya años, cuando empezó el fenómeno Harry Potter, muchos pensábamos que las inevitables secuelas iban a ser malas como demonios y acabarían dejando a Harry y compañía en el más humillante ostracismo (como suele ocurrir). Sin embargo, J. K. Rowling se va superando cada vez más, y cada libro de Harry Potter es mejor que el anterior.

Esta autora «british» tiene la virtud de enganchar al lector de una manera casi mágica, y posee el don de que cuando acabas un libro inmediatamente quieres leer el siguiente para ver qué va a suceder. Y esto es lo que pasa con «Harry Potter y el Cáliz de Fuego».

Este cuarto libro parece un preludio de algo muy gordo que va a suceder a partir del quinto (esto es una suposición por la manera en la que acaba el libro, aún no he leído «La Orden del Fénix»): el regreso de Voldemort (o Quién-vosotros-ya-sabéis, por si sois supersticiosos 😉 ).

Antes de que crucifiquéis por dar adelantos, os aviso de que el malvado de la serie hace su aparición casi en la primera página del libro en una especie de prólogo.

Pero vayamos con el argumento principal

Harry consigue que sus tíos, los abominables Dursley, permitan que su sobrino vaya al mundial de quidditch con Ron y su familia. Ya en el torneo comienzan a suceder cosas raras relacionadas con Voldemort, pero no os las voy a desvelar porque entonces perderían encanto.

Ya en Hogwarts, nuestros protagonistas reciben la noticia de que este año no habrá campeonato de quidditch (¡bien! con lo que me aburrían a mí los capítulos dedicados a este «deporte») porque el colegio ha sido elegido como sede del Campeonato Mundial de Magia, cuyo trofeo no es otro que el cáliz de fuego (de ahí el título del libro). Aunque Harry no podría participar en este torneo porque no llega a la edad mínima (diecisiete añitos), alguien se las arregla para que forme parte de él y ponga así su vida en peligro, pues las pruebas del campeonato a veces han supuesto la muerte de los participantes. Y mientras esto sucede, en el colegio se respira una atmósfera inquietante, de secretos y conspiraciones.

Personajes

En este cuarto libro, Harry, Ron, Hermione y demás personajes de su misma quinta, entran ya por fin en la horrenda edad del pavo, y sus hormonas comienzan a volverse locas como buenas hormonas adolescentes que son. Ya vemos atisbos de tensión sexual entre Ron y Hermione, que están un poco «ni contigo, ni sin ti», y vemos cómo nuestros protagonistas comienzan a tener interés por el sexo opuesto. Es un gran acierto por parte de la autora el reflejar esto, pues hace más creíble el crecimiento de los personajes, que se vuelven más maduros y cambian según pasan los libros.

Por otra parte, la relación entre Ron y Harry empieza a resquebrajarse sutilmente: Ron demuestra cada vez más celos por Harry; no soporta que su amigo sea siempre el centro de atención mientras que él pasa casi desapercibido y nadie le hace el menor caso, y lleva muy mal que Harry sea rico mientras su familia casi no llega a fin de mes. Me parece (pero esto es sólo una suposición, ojo), que esta tirria de Ron hacia Harry puede dar mucho juego en las próximas entregas de la saga. Ya sabéis, en plan el mejor amigo del protagonista que cambia de bando por rencor. Porque aunque Harry y Ron siempre arreglen sus problemitas en el libro, se ve que el rencor de Ron queda ahí, y cada vez se va intensificando más.

En «El Cáliz de Fuego», Sirius Black tiene más protagonismo que en «El Prisionero de Azkaban», aunque tampoco demasiado. Y es una pena, porque a mí personalmente es un personaje que me gusta mucho, y creo que Rowling podría explotarlo más. Por otra parte, creo que le da demasiado protagonismo a Madame Maxime, la profesora de adivinación, un personaje completamente superficial y poco elaborado que lo único que hace es predecir la muerte de Harry y ver desastres por todas partes.

Como todos los años, tienen un nuevo profesor para Defensa Contra las Artes Oscuras, Ojoloco Moody, un antiguo cazador de seguidores de Voldemort que se ha vuelto completamente paranoico. Su carácter es de los más logrados del libro.

El siniestro profesor Snape adquiere más importancia, y se ve que en el siguiente libro sabremos más sobre él y su pasado (eso espero, pues me tiene a mí muy intrigada).

Además, la autora nos cuenta bastante sobre la infancia de Voldemort, casi indispensable para que se volviera tan malvado y terrible.

También vuelven a aparecer los elfos domésticos, de los que Hermione se convierte en una defensora (aunque ellos no quieran que les defienda nadie). Con la inclusión de los elfos domésticos, vemos que el mundo de los magos no es tan bueno como se pinta, pues los elfos son en realidad esclavos voluntarios (sí, voluntarios. Si leéis el libro veréis a qué me refiero), y este tipo de esclavismo está absolutamente bien visto y aceptado en el mundo mágico.

Trama de misterio

Otra parte importante del libro es la trama de misterio e intriga que rodea al argumento principal. JK Rowling mezcla maravillosamente bien la literatura infantil y la fantasía, con la más pura tradición británica de intriga o novelas de detectives, al más puro estilo Agatha Christie. En esta ocasión, hay que descubrir quién incluyó a Harry en el campeonato de magia, y alguna otra cosa más. Todo ello está lleno de sorpresas y secretos inimaginables, que, por supuesto, no pienso desvelar.

Mi opinión

El lenguaje y la expresión narrativa en el libro es a veces demasiado simple, no sé si esto es un defecto de la traducción (las traducciones de Harry Potter al español tienen fama de pésimas) o porque, no lo olvidemos, estamos ante un libro infantil.

No importa que los lectores de Harry Potter sean adultos en su mayoría, estos libros fueron ideados como libros para niños, y no se pueden apartar de ese camino porque perderían gran parte de su encanto. Pero a pesar de esto sigue siendo una saga que puede enganchar a todos los públicos.

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