Matilda

La verdad es que tuve la suerte de conocer A Roald Dahl muy pronto y, por suerte, en su idioma original, el británico. Cuando las opciones de libros “para niños” en español de la biblioteca de mi colegio se agotaron, me recomendaron a este autor, y la verdad es que devoré sus libros como si fueran galletas.

Mi experiencia con el autor

Si bien es cierto que Matilda no fue el primero que leí de los muchos que tiene Dahl, sí es seguro que es uno de los que recuerdo con más cariño y que he vuelto a releer en varias ocasiones años más tarde, pues la literatura para niños me sigue fascinando tanto o más que cuando era pequeña.

Lo bueno que tiene Roald Dahl es que no hace distinción entre niños y adultos. Y con esto me refiero a que cuando Roald Dahl cuenta una historia a los niños no lo hace como si estos fueran tontos (porque no lo son, todo al contrario, saben ver muchas cosas que los adultos no logramos ver), sino de la forma más sincera posible.

Y es increíble la manera que este hombre tenía de relatar. Dahl sabe contar las cosas más crueles, describir las escenas más terribles, de manera que uno no puede evitar una sonrisa y al mismo tiempo sentir lástima. Así, por ejemplo, nos relatará cómo la señora Bullstrode (la mala malísima de Matilda) agarra de las trenzas a una niña y la lanza por los aires como si estuviera en una competición de martillo. El lector se revela ante la situación injustísima (y completamente descabellada, por otro lado), por supuesto. Puedo asegurar que jamás he sentido tanta simpatía, tanto odio, tanta angustia, tanta alegría, tanta sensación de impotencia o de victoria como con los libros de Roald Dahl.

Matilda

Roald Dahl nos introduce en el mundo de la pequeña Matilda, una niña como otra cualquiera, de lo más normal. ¿O no? No realmente, porque Matilda tiene una cualidad muy especial, que nadie acierta a ver, ni siquiera ella. Tiene una inteligencia desproporcionada para su edad, es capaz de leer libros con los que algunos adultos se atascan y no logran pasar de la segunda página y sus padres la detestan. Bufff, bastante, ¿no? Y sin embargo, mientras leemos el comienzo de la historia, todo esto parece de lo más normal.

Así es, Matilda vive con sus padres y con su hermano, pero para ellos tres, es como si la niña no existiera. Alienta, pero sin sentirse. Vive en una casa donde nadie le tolera, donde la creen estúpida y retrasada y donde queda relegada a cuidar de los demás sin abrir mucho la boca, por si acaso. Su madre sólo está pendiente de sí misma y de lo que ella cree “su belleza”. Su padre se dedica a estafar a pobres compradores de coches y además, enseña a su hijo todos los trucos para seguir sus pasos. El hijo, por supuesto, no da ni una y más tonto no puede ser. Imposible.

Y mientras, Matilda, que lo mismo da que esté o no esté, se dedica a visitar la biblioteca del pueblo con toda la frecuencia que le es posible, cosa que no requiere demasiado esfuerzo, puesto que nadie en su casa nota su ausencia. Matilda pasa, de esta manera, los días, encerrada en su habitación, leyendo como loca. Eso hasta que llega al colegio, porque allí la señorita Honey descubrirá su enorme talento y su increíble potencial y se esforzará en que Matilda haga uso de él en la medida de lo posible.

El conflicto aparece con la señora Bullstrode, la directora del colegio, tan grande como un toro y más bestia que ocho toros juntos. Odia a la profesora Honey y odia a los niños. A todos, por igual, por lo que no le importa en absoluto verlos sufrir, y si ella puede ser la causante de sus sufrimientos, pues mejor que mejor.

Pero, un día, ocurre algo inesperado. Matilda se da cuenta de que es más especial de lo que la señorita Honey había pensado de ella, mucho más especial, pues Matilda tiene un poder especial que le hará intentar cambiar la situación de las cosas, embarcándose en una aventura increíble.

Otros libros del mismo autor

Si os gusta Matilda o si os gustó porque ya la leísteis, no dejéis de leer algunos de los siguientes libros por el mismo autor: en especial os recomiendo La maravillosa historia de Henry Sugar (no estoy totalmente convencida de que el título en español sea ese, pero si no tiene que ser muy parecido). Este es, sin duda, mi libro favorito de Roald Dahl junto a Las Brujas. El primero no es tanto para niños, sino más bien para jóvenes y el segundo, por supuesto, para todas las edades 🙂 El Gran Gigante Bonachón también me gustó bastante y La maravillosa medicina de George me hizo reír muchísimo.

Conclusión

En conclusión, reafirmar que adoro a Dahl y que, por supuesto, lo recomiendo a todo el mundo con los ojos cerrados. Casi seguro que no os va a decepcionar. Si bien es cierto que Roald Dahl nunca engañó a los niños y la crueldad es visible –aunque en clave de humor – en prácticamente todos sus libros, también lo es que lo supo hacer con una maestría que no he vuelto a ver en demasiadas ocasiones.

Me encantaría que me dijerais qué os ha parecido el libro si lo leéis o si leéis cualquier otro 🙂 Un saludillo a todos.

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