La suma de los días

Hace un par de semanas, en las fiestas de Palencia, hubo una pequeña feria del libro, con varias casetas donde las librerías y algunas editoriales presentaban las novedades de otoño. Por supuesto, me pasé un buen rato metiendo la nariz en los libros, que son una de mis pasiones, y en una de las casetas vi desde lejos este libro que hacía tiempo estaba esperando.

Sabía que era cuestión de tiempo que saliera la nueva novela de Isabel Allende; desde que en 1982 publicó La Casa de los Espíritus, su producción ha sido constante y en las librerías aparecen sus libros, empezados el 8 de enero, regularmente.

Para mí siempre es un placer comprar uno de sus libros, me encanta atesorar toda su obra en mi modesta biblioteca… Pero lo que más me gusta, con lo que más disfruto, es con su lectura.

Isabel no deja a nadie indiferente, o te encanta, como es mi caso, o no gusta nada, como es el caso de muchos otros, que sus detractores también tiene. Su obra puede incluirse dentro de la vertiente de la literatura latinoamericana del realismo mágico, en la que también se incluye el genial García Márquez. Y esa es la clave del éxito de sus libros, muchas veces autobiográficos, otras pura fantasía, pero siempre con ese punto de realismo contundente pero envuelto en la magia, en lo espiritual, en lo fantasioso. Es una mezcla sorprendente, atrayente y única que a mí me encanta.

Pero vamos con el libro.

La autora

Isabel, sobre ella no puedo decir nada que no se haya escrito ya. Nacida en Perú en 1942, su nacionalidad es sin embargo chilena.

 

Su familia, emparentada con Salvador Allende, es la inspiración de casi toda su obra, así como su exilio en Venezuela y su posterior llegada a California, donde reside actualmente junto a su segundo esposo, Willie, y toda su tropa, a la que ha logrado reunir a su alrededor, siguiendo la tradición chilena.

Su obra incluye novela, cuentos y obras de teatro. Se dio a conocer con La Casa de los Espíritus, que fue llevada al cine y es el nombre de su actual vivienda. Posteriormente nos emocionó con Paula, el relato de su vida desde la perspectiva de la silla del hospital de Madrid donde veló a su hija Paula en sus últimos meses antes de morir de porfiria. Estas dos obras son en cierto modo la historia de su familia, muchas veces exagerada, muchas veces mágica, pero es que la memoria es así, a veces olvida, a veces inventa, otras exagera… la propia Isabel lo reconoce.

Tras una incursión en el mundo de la literatura juvenil con una trilogía de cuentos que escribió para sus nietos, y algunas obras de corte histórico-mítico como El Zorro o Inés del alma mía, vuelve a explorar su propio universo y nos cuenta su vida y la de su familia desde la muerte de Paula hasta el día de hoy, como La suma de los días, penas y alegrías compartidas…

La suma de los días: argumento, personajes…

Ya he hablado algo sobre el libro a lo largo de la opinión. Es un libro sobre el que no me cansaría de hablar o escribir, pero esto tiene que ser más o menos breve, así que resumiré.

La suma de los días nos presenta eso mismo, ese devenir diario en la vida de Isabel y su familia. La familia de Isabel no es una familia al uso, o como aquí la entendemos, es una familia a la chilena, extensa, especial, llena de amigos y apegados que han ido llegando y contagiados por su magia han decidido quedarse. Cada cual tiene su historia, pero no puede desglosarse de la del resto de la tribu, son un todo, individuos pero grupo, sin unos no podría explicarse la vida de otros.

El núcleo lo forman Isabel y Willie, su segundo marido, con el que lleva ya casi 20 años de convivencia. A su lado está Nico, su hijo, y el espíritu de Paula, su hija muerta pero siempre presente, y a la cual va destinada la obra, ya que a ella le narra y dedica cada página del libro.

Nico tiene su propia familia, junto a Lori (que como curiosidad es la autora de la preciosa foto de Isabel que encontramos en la solapa interior del libro), su segunda mujer, y sus tres hijos, Alejando, Andrea y Nicole, fruto de su primer matrimonio con Celia.

Celia es todo un carácter, una fuente de contradicciones que empieza odiando a los homosexuales y acaba descubriendo que es lesbiana y yéndose a vivir con Sally, una antigua novia de Jason, hijo de la segunda mujer de Willie… Si, ya sé que parece una telenovela, pero es así y aunque parezca mentira acabas por conocerlos a todos como si de tu propia familia se tratara.

De los tres hijos de Willie, Lindsay, Harleigh y Jennifer, sólo ésta última aparece en el libro, así como su hija Sabrina y las madres adoptivas de ésta, Fu y Grace.

También tienen un papel fundamental en la vida de Isabel su amiga Tabra y su hijo Tongi; Ernesto, el viudo de Paula, y su segunda mujer Giulia; la abuela Hilda, abuela de adopción; la madre de Isabel y tío Ramón, que llegan de visita desde Chile regularmente; Tong, el contable chino de Willie, y su mujer Lili; Juliette y sus niños griegos; Pía, etc.

En torno a todos estos personajes y a algún otro se teje la historia de la vida de Isabel desde la muerte de Paula. Nos hablará de sus vidas, de sus experiencias, de cómo los va reuniendo en torno suyo en su casa de Sausalito. Se detiene uno por uno y nos relata las experiencias de Jennifer con las drogas, el nacimiento y la adopción de Sabrina, el encuentro y posterior desencuentro de Nico y Celia, la prohibida, en principio, relación de Sally y Celia, la búsqueda de la felicidad y del oficio de escritor de Jason, las desventuras de Tabra con sus numerosos amantes, sus pechos de silicona y sus joyas étnicas, la infertilidad de Lori y su potencial oculto para dirigir con mano firme la fundación de Isabel, la incursión en la literatura de Willie dejando de la lado su oficio de abogado, las aventuras de los niños, esos locos bajitos…

Isabel desgrana su propia vida y sentimientos a través de las experiencias de su tribu y su aportación y papel en ellas. También nos hablará de sus viajes, a la India, a México, al Amazonas, que le servirán para llenar el pozo de su inspiración y poner manos a la obra con sus nuevas novelas.

Todo su relato está plagado de magia, de espíritus, de sensaciones, de visiones… pero por ello no deja de parecer real. Ya he comentado que la propia Isabel nos cuenta que la memoria juega malas pasadas, a pesar de que escribe guiándose por las cartas casi diarias que se escribe con su madre desde hace años, y en las que se cuentan todos los detalles de su día a día, y también pregunta a sus familiares para que refresquen su memoria. Pero aún así hay recuerdos inventados, ciertas exageraciones producto del paso del tiempo, algunos olvidos sin querer y otros queriendo. Eso no resta realismo al relato.

Los que leemos a Isabel desde hace tiempo sabemos que el realismo y la magia están unidos en su vida y en su obra, es un buen exponente de la tradición latinoamericana del realismo mágico, pero no sólo en sus libros sino también en la historia de su familia, en su propia historia y su propia vida.

Estructura del libro

El libro no tiene una introducción, ni un desarrollo, ni siquiera un desenlace, no hay un hilo argumental salvo contar la historia reciente de una familia especial. Quizás parezca por esto que su lectura no puede enganchar, ya que no hay una acción que nos mantenga en vilo para descubrir un desenlace final. Para nada, su lectura se hace indispensable hasta que lo acabas y al acabar te quedas con ganas de más, de la siguiente entrega, de saber qué va a pasar en los años que vienen con Nico, Lori, Celia, Willie, los niños que van creciendo, etc.

Sus demás obras dentro de La suma de los días

En las páginas del libro nos hablará de cómo han ido surgiendo sus demás obras en el periodo que nos narra, la búsqueda de la inspiración para Afrodita, la serie de relatos juveniles formado por La ciudad de las bestias, El reino del dragón de oro y El bosque de los pigmeos, Inés del alma mía, El Zorro, etc. A mi me ha aportado una visión nueva de estos libros, su significado para la autora, el entorno familiar y personal en el que surgieron, sus aspiraciones con ellos, etc. Me ha gustado mucha esta especie de autopromoción de su propia obra que yo veo muy bien.

Opinión

Se nota que me gusta Isabel Allende, ¿verdad? Sí, no lo puedo negar. Así que no puedo dejar de recomendar este libro. A quien le guste Isabel le va a gustar La suma de los días. A quien no le guste… cómo no os puede gustar Isabel Allende!!??!!?? Jeje, es broma!

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