Alta fidelidad

La música mueve el mundo, o puede que nosotros nos empeñemos en creer que es lo que lo mueve para evitar responsabilidades.

Rob nunca ha sabido enfrentarse a ellas, nunca ha hecho nada de lo que se sienta especialmente orgulloso, y nunca ha confesado que ha sido por su falta de ambición.

No vive en Londres, aunque diga que vive en Londres, vive encerrado entre Ziggys stardusts, Revolvers, o thinks. Rob no tiene amigos, dice que los tiene, pero no hay nada más a parte de Bowies, Beatles y Arethas. Rob dice que tiene una novia, en realidad dice que tiene una ex novia, pero ni siquiera esto es verdad, tiene un montón de recuerdos, de amargos recuerdos, de Let´s get it ons que le recuerdan que debería recordar a alguien, pero el no está preparado para ello, porque no quiere prepararse para ello.

Vive en su mundo, un mundo que sólo él es capaz de enredar o desliar las cosas, pero él aún no lo sabe. Para él las personas que le rodean son meros actores en la película de su vida, nunca llega a tener fuerzas para decirlo, pero en el fondo sabe que es asi. Barry no es su empleado ridículo, excéntrico y borde que le saca de quicio, sólo es alguien contra quien descargar su ira de vez en cuando, Dick no es el empleado dulce y amable que escucha a Belle and Sebastian, simplemente es el que pacifica las cosas, el que aporta serenidad. Laura no es alguien que quiera tener, simplemente es alguien que no es que no quiera, es que no está dispuesto a perder. Ian no es el tio que le «roba» la novia, sólo es alguien a quien culpar de todos sus errores. Marie no es su salvación, es más bien su intento de hacerse creer alguien que aún puede ligar algo.

Después de esto Rob no parece nada atractivo, nada simpático. Es el estereotipo de antihéroe, inmaduro, incapaz, insensible. Pero de esto es de lo que se aprovecha el autor: es tan horriblemente humano que es imposible no sentirse identificado con él: es vago, no tiene nada, es un perdedor, se enfrasca en cosas, en los de importación, en relaciones pasadas para no aceptarse a sí mismo y está pasando la temida (si es que existe) crisis de los treinta y cinco.

Alta fidelidad es una novela que habla exactamente de eso, de la crisis de saberte un adulto y no tener nada de este, ni siquiera el comportamiento, aunque también puede ir de un regreso a la adolescencia, aunque también puede que en realidad vaya de las dos cosas porque es susceptible de múltiples interpretaciones, tantas como no personas, sino veces la leas.

El autor logra con un lenguaje poco ostentoso, pero en cambio monólogos interiores del protagonista que serán recordados de por vida (mucho más en la voz de John Cusac, o como es mi caso en la del amigo ziffnab, que es mi pequeño Rob personal) con frases tan históricas como: ¿estoy triste porque escucho música pop o escucho música pop porque estoy triste?

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